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martes, 16 de noviembre de 2010

NICARAGUA ATROPELLA EL DERECHO INTERNACIONAL

El régimen socialista de Nicaragua ha invadido militarmente un territorio que desde tiempos históricos ha sido reconocido oficialmente como parte de Costa Rica, la Isla Calero en el río San Juan, procediendo a dragar el limítrofe río para cambiar su curso y crear una situación de hecho favorable a sus pretensiones expansionistas, amparándose en un mapa electrónico no oficial frente al derecho internacional; las mismas argucias que alimenta con respecto al territorio insular y marítimo de Colombia.

El gobierno nica se ha aprovechado impunemente de la indefensión Costarricense que carece por decisión propia de Fuerzas Militares desde la primera mitad del siglo XX; Ortega necesita de un conflicto internacional para aliviar la presión interna generada por su incompetencia que llevó a Nicaragua a ser un estado dependiente de la asistencia venezolana y con uno de los mayores índices de pobreza, miseria y corrupción.

El régimen de Daniel Ortega ha manifestado que no acepta el llamado de la OEA a retirar sus tropas de la Isla Calero y amenaza con retirarse del organismo interamericano por considerarlo contrario a sus intereses expansionistas y hegemónicos en Centroamérica (también sostienen conflictos fronterizos con Honduras), amenazas que ya tienen antecedentes continentales por los regímenes bolivarianos que insultan a quien medie en sus pretensiones totalitaristas.

Managua invoca como argumento para la invasión del territorio costarricense un mapa publicado por Google y que ya ha sido objeto de rectificaciones por la empresa informática, que ha señalado que sus mapas solo tienen como objeto el consumo privado pero que no son fuente para resolver asuntos internacionales o la toma de decisiones militares. Sin embargo ese error ha sido tomado como documento oficial por el gobierno nicaragüense para desechar la intervención de la OEA o cualquier organismo de justicia internacional, dilatando cualquier decisión hasta configurar la situación de hecho que le permita luego anexar otros argumentos.

La actitud de Nicaragua es la propia del matón de barrio que se impone mediante insultos y agresiones a los ciudadanos para ejercer un empoderamiento ilícito. Ahora Ortega decide que la justa protesta de Costa Rica y la recomendación de la OEA contra la invasión de sus tropas, es una "conspiración" encabezada por Colombia, al que atribuyó "una política expansionista en el mar Caribe" y que junto con Panamá, Costa Rica, Guatemala y México, tiene intereses con el narcotráfico, extrañamente no mencionó a Honduras con la que su país mantiene igualmente un conflicto de fronteras. Mientras todas las Cancillerías involucradas presentaron su protesta, Colombia decidió guardar silencio.

Es cierto que la Corte Internacional de Justicia de La Haya ratificó en el 2009 la soberanía de Nicaragua sobre el río San Juan, pero estableció derechos de Costa Rica para navegar en parte de él para asuntos comerciales con la supervisión de autoridades nicaragüenses, sin embargo ante la situación de hecho que desconoce la decisión judicial, el Consejo Permanente de la OEA instó a ambos Gobiernos a retirar sus fuerzas de seguridad del río San Juan, sobre el que Nicaragua tiene soberanía, y retomar el diálogo para resolver sus diferencias, especialmente sobre el posicionamiento militar de Nicaragua sobre la Isla Calero.

Por el contrario, el Gobierno de Costa Rica calificó como un "triunfo de la diplomacia" la resolución aprobada por votación del Consejo Permanente de la OEA sobre el litigio fronterizo con Nicaragua, y exigió a ese país acatarla. "Hoy más que nunca las autoridades nicaragüenses deben saber escuchar el clamor de todo el hemisferio a favor de la paz y la convivencia pacífica entre naciones vecinas, y hacer efectivo el retiro de sus fuerzas armadas del territorio costarricense", indicó la Cancillería de ese país. La presidenta Laura Chinchilla agradeció a todos aquellos que apoyaron a su Gobierno en las gestiones emprendidas ante la OEA, así como "al pueblo de Costa Rica por su convicción pacifista".

Mientras Colombia lideró toda una movilización de UNASUR para apoyar a Rafael Correa en el Ecuador, que enfrentaba una protesta laboral de la Policía de ese país y señalaba que ese hecho constituía una amenaza a la democracia y la estabilidad regional, hoy se extraña que ante un acto de agresión que puede desembocar en conflictos armados internacionales, Colombia decida mantener su silencio ante la injusta agresión verbal de Ortega contra nuestro país y decida mantener invisible la realidad de la invasión militar nicaragüense, como si no fuera el mismo objetivo que Managua busca con respecto a nuestro territorio insular y nuestra mar territorial.

Es cuestionable desde todo punto de vista que asumamos el papel de Chamberlain para mantener como realidad los twiters de que ahora somos los mejores nuevos amigos para no despertar iras en el vecindario y nos convirtamos en idiotas útiles, en cómplices silentes del expansionismo bolivariano, porque Nicaragua como país en quiebra económica, social y política, no podría emprender una aventura militar sin el consolidado respaldo de sus proveedores y socios en la ALBA y los múltiples organismos creados por el llamado bolivarianismo en el continente. Tanto es así que Managua presenta su gobierno como Sandino-bolivariano-popular. Blanco es y gallina lo pone, pero aquí seguimos creyendo que es un globo. En cuanto a la decisión de la OEA, la posición de Nicaragua sólo fue apoyada por Venezuela.

Nuestra ahora dulzona diplomacia que recoge las tradiciones de Urdaneta, el mismo que le entregó gratuitamente a Venezuela la soberanía sobre Los Monjes, parece ganar terreno para los críticos interesados que nos recuerdan a cada momento el preámbulo constitucional que pareciere indicar ceder a toda costa para comprometerse e impulsar la integración de la comunidad latinoamericana, que aunque votó a favor de la recomendación de la OEA, no ha mostrado el mismo dinamismo del caso Ecuador (Correa:vs:Policía), estimula sin lugar a dudas las aventuras militares del bolivarianismo y su proyecto expansionista; si el buen vecino que defendió a los otros de las bravuconadas del matón termina por callarse y contemplar silente sus abusos, no tendrá luego autoridad moral para pedir auxilio cuando él mismo sea víctima de la acción criminal.

A estas alturas reclamar Los Monjes, porque su reconocimiento a Venezuela obedeció a la decisión de un hombre y no de una nación, representa un difícil problema jurídico a la luz del derecho internacional, pero no podemos ser cómplices de que la historia se repita frente a las reclamaciones actuales y vigentes de Costa Rica, aún cuando ello implique que los famosos twiters de amor eterno puedan tener algún contratiempo

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