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martes, 30 de noviembre de 2010

KIM JONG IL Y CHÁVEZ, DOS DÉSPOTAS CORTADOS CON LA MISMA TIJERA

El régimen comunista de Corea del Norte, presidido por Kim Jong Il, ha decidido atacar brutalmente y sin justificación alguna a su vecino del Sur. Aunque las tensiones entre las dos Coreas han perdurado desde el fin de la Guerra (1950-1953), el ataque de esta semana a la isla surcoreana de Yeonpyeng representa la segunda agresión de importancia del norte contra el sur en este año, después del hundimiento de un buque de la Marina surcoreana en el mes de marzo, causando medio centenar de victimas. Según las informaciones de prensa, las fuerzas comunistas descargaron alrededor de 50 obuses sobre las torres de vigilancia militar surcoreanas, así como sobre viviendas civiles, dejando una estela de dieciocho heridos y cinco muertos (tres civiles y dos soldados).

Sendos comunicados del régimen de Pyongyang ‘rezan’ que el ataque fue una respuesta a las ‘provocaciones’ de Corea del Sur, cuya Marina había estado desarrollando maniobras militares en la zona durante los días pasados. "Les avisamos varias veces de que no toleraríamos su presencia" y agregaron que lanzarían ataques inmisericordes si "el enemigo se atreve a invadir nuestras aguas territoriales por un solo milímetro". Con la retórica guerrerista que caracteriza a los regimenes autoritarios, en Asia y en America Latina, la comandancia militar norcoreana llegó a señalar que “sí nos siguen provocando, el próximo objetivo será Seúl. Se convertirá en un mar de fuego. La guerra nuclear puede empezar en cualquier momento" .

Seúl, como no podía ser de otra forma, ha puesto a sus fuerzas militares en máxima alerta y ordenó la movilización de sus reservistas. Ha prometido además fuertes represalias, pero sólo contra una segunda agresión de Norcorea. Segunda agresión que ya ha sido propuesta por el Norte de continuar la presencia ‘sureña’ en la zona en conflicto. Estados Unidos por su parte, ha manifestado su apoyo resuelto a la Corea democrática y ha anunciado la realización de ejercicios militares conjuntos con la Corea agredida en el Mar Amarillo –donde se encuentra la isla atacada. Mientras tanto, China, el principal aliado de la Corea comunista, se ha limitado ha expresar su ‘preocupación’ por la situación en la península, pero ha bloqueado una resolución condenatoria al régimen de Kim Jong Il por parte del Consejo de Seguridad de la ONU.

Seamos claros, el ataque no sólo fue una advertencia de Pyongyang a Seúl. Fue una demostración de la capacidad militar norcoreana y su determinación de llevar a cabo ataques fulminantes contra su vecino del sur, contra Japón, contra Estados Unidos o contra cualquier otro que se oponga al desarrollo de su programa nuclear y su aspiración de convertirse en una potencia regional. Pero el ataque fue posible por la falta de firmeza de las grandes potencias, particularmente de Estados Unidos, para imponer limites a la dictadura comunista. Pues mientras Occidente se ha preocupado por negociar el ‘desmonte’ de los planes nucleares norcoreanos, incluso dándole contraprestación económicas a Pyongyang, Kim Jong Il ha continuado trabajando subrepticiamente en el enriquecimiento de uranio, utilizando ahora un nuevo y mejor modelo de centrifugadoras, las P2, que son las mismas que los iraníes están utilizando en sus instalaciones atómicas.

Corea del Norte ha desplegado todo su arsenal para amedrentar a su vecino del sur. Lo hace a sabiendas de que, mientras ellos parecen estar dispuestos a llegar a la guerra total y destruir a sus ‘hermanos del sur’, la Corea democrática cederá y tratará de buscar soluciones más salomónicas con ayuda internacional. Lo hace porque calcula muy bien los daños que le puede ocasionar una guerra como la del año cincuenta, tomando en consideración el potencial de destrucción que ahora posee su contraparte.

La responsabilidad recae entonces en la comunidad internacional, particularmente en Estados Unidos, y permitir que una democracia sea aniquilada por una dictadura comunista. Hace sesenta años, los estadounidenses con la ayuda de varios países, incluyendo a Colombia, actuaron en defensa de la democracia y la libertad, si bien en aquella ocasión no se logró poner punto final al régimen comunista autoritario de Pyongyang. Hoy, este ataque representa una oportunidad para que la comunidad internacional entienda por fin que con gobiernos de este tipo, tiránicos y terroristas, no es posible negociar, pues se trata de déspotas que no están dispuestos a ceder un centímetro.

En este momento, los ojos del mundo están puestos en la zona del Mar Amarillo. Pero la situación en Corea nos da pie para hacer un paralelo con nuestra propia situación. Al igual que Corea del Sur, Colombia tiene la desgracia de tener que convivir con una dictadura comunista que constantemente amenaza nuestra democracia. Hugo Chávez es tan déspota como lo es Kim Jong Il, y al igual que lo ha hecho éste, aspira a perpetuarse en el poder de su país, propagar su comunismo del siglo XXI y convertirse en una potencia regional. También ha iniciado un programa nuclear para enriquecer uranio, a la tétrica sombra de Irán. Y aunque el régimen bolivariano no ha atacado directamente a Colombia, como lo ha hecho la Corea tiránica con aquella democrática, sí lo ha hecho indirectamente mediante sus aliados narcoterroristas que pretenden desestabilizar el Estado de Derecho. Y, al igual que con Corea del Norte, la comunidad internacional ha querido ‘dialogar’ y tratar con ‘buenísimo’ al déspota de Miraflores; ojala no se necesite una agresión directa contra Colombia para que Occidente se de cuenta que Chávez es también una amenaza a la seguridad internacional.

1. http://www.eltiempo.com/mundo/asia/el-peor-ataque-de-corea-del-norte-a-su-vecino-del-sur-en-50-aos_8424480-4

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