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jueves, 9 de junio de 2011

EN LA LUCHA CONTRA LAS FARC LAS FF.MM. SIGUEN SIENDO LAS MISMAS

De manera perversa los nostálgicos de las Farc quieren introducir su ponzoña y dividir a nuestras FF.MM., según sus conveniencias políticas. Se olvidan estos pontífices del neocomunismo que nuestras Fuerzas Armadas son las mismas que evolucionaron de nuestros ejércitos patriotas, que los gobiernos y las ideologías pasan, pero ellas han permanecido en el tiempo y en el espacio.

Las FF.MM. no son responsables de las equívocas decisiones de los jueces de la república empeñados en favorecer la agresión narcoterrorista en sus fallos, al pretender que la legislación imperante para tiempos de paz sea aplicada en medio de la guerra, o del conflicto armado interno. Es en esas decisiones judiciales donde se abre el boquete de amenaza contra la institucionalidad y la democracia en el país; esas decisiones si constituyen realmente lo que llaman ‘falsos positivos’ en tanto reclaman como éxito la victoria jurídica del narcoterrorismo.

No se trata, como dice León Valencia, de aprender a sobrellevar la nostalgia que nos produce el hecho de que las Farc no sean el centro del debate nacional. Tendrán que aprender que el "apaciguamiento" o la "exaltación abusiva de la guerra" no son las únicas alternativas para encarar el conflicto armado[1]. En ese camino no ha habido una trecha alterna, el Presidente de Colombia es quien fungiera como Ministro de Defensa en el anterior gobierno y le ha dado la continuidad a la lucha contra el narcoterrorismo, prueba de ello son los golpes propinados en estos 10 meses a la organización criminal.

León Valencia y otros comentaristas similares padecen el síndrome de la añoranza de aquellos tiempos en que las Farc y demás organizaciones narcoterroristas pusieron en jaque al Estado colombiano, hasta el punto de que fuéramos calificados como un Estado inviable; añoran y pujan porque se repita un circo como el de Cartagena del Chairá o una concesión generosa como El Caguán, para que las narcoguerrillas puedan reorganizarse y fortalecerse y la agresión narcoterrorista tenga una continuidad favorable a las intenciones del neocomunismo latinoamericano.

Los continuos ataques mediáticos contra las FF.MM., sólo buscan dividir el apoyo popular que nuestros soldados tienen entre la población; a terroristas y ex terroristas les duele sobremanera que el pueblo colombiano tenga en su mente y en su corazón al soldado, que las acciones contra el narcoterrorismo se legitimen gracias a esa aceptación popular, algo que en 47 años la narcoguerrilla jamás alcanzó y de ahí su incapacidad para convertirse en parte legítima de un conflicto.

Las Fuerzas Armadas de la Nación constituyen una de las instituciones que más se han adaptado a la democracia y a la sujeción al poder civil, aún en las etapas más oscuras de nuestra nacionalidad; han hecho de manera respetuosa a la normatividad, las críticas y apreciaciones necesarias para garantizar el orden constitucional, no siempre de buen recibo por los gobernantes que han preferido sacrificarlas para obtener popularidad.

Tanto así que la única ruptura en la gobernabilidad del país se dio por petición de la misma sociedad civil (1953-1957) y no como decisión propia de las FF.MM., ante el grave deterioro del orden público interno y la necesidad de buscar la reconciliación del país a través del Frente Nacional que sucedió esa época histórica. El pueblo colombiano legitimó el gobierno del General Rojas Pinilla mediante el Acto Legislativo No.1 del 18 de junio de 1953, de tal manera que no constituyó un gobierno de facto como ocurrió en otras latitudes.

Debe recordarse además que el único gobierno militar que tuvo Colombia, se empeñó en buscar el fortalecimiento del Estado colombiano basado en la doctrina social de la Iglesia católica y en el ideario del Libertador Simón Bolívar. El ejército, mantenía una estrecha alianza con la Iglesia Católica. Estimulaba reformas sociales en beneficio de los sectores de bajos recursos. Según sus ideas, sin la justicia social sería muy difícil la paz y mucho más la libertad. “No se puede hablar de paz sin justicia social y justa distribución y goce de las riquezas". Por eso su programa ha sido considerado como un "movimiento cristiano nacionalista" para el progreso social y económico del pueblo colombiano. Para el logro de sus metas socio-económicas era indispensable estimular el trabajo y facilitar, por parte del gobierno, la asistencia social, la educación, la orientación técnica.

Sin olvidar tampoco que fue ese gobierno militar el que expidió la más generosa amnistía a las entonces guerrillas liberales y que fue el comunismo internacional el que asaltó la buena fe para manipular un grupo de campesinos en Marquetalia para dar inicio a la nueva violencia que aún hoy nos afecta; las Farc y Eln son producto de la ambición comunista de reproducir en nuestra América el fracasado proyecto de la URSS, retomado ahora por los llamados países bolivarianos.

Vanos serán entonces los esfuerzos de terroristas y ex terroristas en generar divisiones al interior de las FF.MM., o de poner al gobierno en contra de su Ejército acudiendo a la grosera lisonja que los acompaña para esconder sus perversas intenciones de favorecer la arremetida jurídico-política contra el soldado. Nuestros soldados, aviadores y marinos están comprometidos con el futuro democrático de la Patria y no cederán a los cantos de sirena, a los espejismos que el neocomunismo crea para engañarlos.


[1] SEMANA. Los nostálgicos de las Farc. En: http://www.semana.com/opinion/nostalgicos-farc/157900-3.aspx

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